Monday, October 18, 2010

Me gusta el atardecer


Me gusta sentarme al lado de la ventana y mirar hacia arriba, mientras apoyo la espalda y siento el frió atreves de la ventana.
Te recuerdo otra vez y otras tardes también que pasamos juntos, con ese abrazo mudo, con tu calor rodeándome, con esa sensación de que ya no quiero nada mas, logras bajar todas mis guardias, solo el frió que avisa de la inevitable noche lograba mantenerme en este mudo, aunque me precipitaba al tuyo con cada uno de tus suspiros, tan cerca de mis oídos...
El cielo pintado de rojos y azules, las nubes bañándolo todo de gris, mi alma empieza a sentir su melancolía y también se pinta de ese color, tan lejano, tan frió, advirtiendo que puede que empiece la lluvia y yo que me muero por verla caer, lentamente, eternamente si pudiera ser, ver y sentir la dramática vida de cada gota, estar y no estar allí, sintiéndome tan pequeño como una gota mas, cayendo lentamente desde muy muy arriba en el cielo gris, mirando como en el horizonte el atardecer me despide, sé que moriré, pero ha valido la pena pensaré.

Me apoyo aun mas en la ventana, mientras escucho las primeras gotas caer, y mirando al horizonte me imagino viajando hacia él, pensando en como seria vivir siempre en un eterno atardecer, una vida entera disfrutando de él.. Pero muere como todas las cosas buenas, los últimos rayos de sol pintan de rojo las nubes, mis sentimientos se despiden de mi, y me dejan con tu recuerdo.
Un recuerdo que me susurra al oído una tarde como hoy, donde tu y yo juntitos y solos disfrutábamos de la muerte de una tarde de Octubre, sentados en un banco te contaba lo mucho que me gusta verla morir, y lo sentimental que me pone. Mientras tu te abalanzabas sobre mi hasta tumbarme del todo en aquel banco, las primeras gotas de agua caían sobre mi rostro pero no me importaba ni un poco, el cielo gris y el frió me sobrecogían, pero el calor de tu cuerpo sobre mí hacia que todo valiera la pena. De pronto ya no llovía sobre mí,  y tus labios empezaban a secarme gota a gota, y yo no podía aguantar mas de dos sin que mis labios buscaran los tuyos, mientras mis dedos acariciaban tu largo pelo por detrás de tus oídos y tu pelo que como una cortina me rodeaban hasta no poder ver nada mas que tus ojos, para que quiero ver mas pensaba..

La lluvia empezaba a ser un tupido manto, y medio mojados buscábamos un sitio lejos de todo el mundo donde poder disfrutar y refugiarnos de ella. Abrazados a escasos centímetros de la cortina de agua nos secábamos con el calor de nuestros besos, con la pasión que desprendía el rose de tu corazón y el mio, como si fuera la ultima vez, eramos conscientes de que el tiempo pasaba implacable. La noche avisaba que nuestro tiempo juntos se cavaba, y tu mojabas mi pecho porque no querías que te dejara, y yo te hacia reír haciéndote ver que era el único sitio que me quedaba seco. Apurando los últimos segundos juntos mis labios decían basta, mi corazón decía no y mis ganas decían que no me guardara nada, y la despedida, y el nudo en la garganta...  la noche siempre era triste, sabor amargo a despedida, aun sintiendo tus labios cada noche como esta, tu olor, tu calor, tu dolor mientras me alejaba y me refugiaba una vez mas bajo la estación de autobús.

Pensando en que esto ya lo había vivido y no quiero vivir lo más, sentado en el suelo de la estación, con la mirada perdida, viendo pasar a las parejas felices, recojo mis rodillas intentando buscar algo de calor, la lluvia es ahora mucho mas triste y melancólica, el constante ruido de los pasos y y el hablar lejano de la gente es como una bolsa semitransparente que me atrapa, mi soledad se sienta a mi lado y me habla de ti, de ti...

Otra vez desahuciado en el autobús de camino a mi vida, si se le puede llamar vida lejos de ti... No quiero pensar, en nada, veo las luces de la ciudad, veo los coches pasar, veo las gotas resbalando por la ventana, veo un motón de gente sin hablar, veo mi rostro reflejado en la ventana, intentando adivinar cuanto mas podré aguantar, cuantas veces mas podré alejarme de mi felicidad, prefiero cerrar los ojos y no pensar en nada, dejar que el autobús me lleve a casa y vivir el resto de memoria, la misma rutina, los mismos problemas, la misma historia, todo eso que da igual porque no estas tu.

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